esto va de beber café, escribir surrealismo, hablar francés, mirar el infinito, pensar en pensar en pensar que pienso y volver a beber café, oscuro. brumoso.

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lunes

para hacer, hacer

1_Las ganas de escribir vienen escribiendo. Es inútil esperar el instante perfecto en que todos  los problemas han desaparecido y solo existe el deseo compulsivo de escribir: ese instante no existe. En general, uno se sienta a escribir venciendo cierta resistencia —salir del estado de ocio no es natural—, uno oficia ciertos ritos dilatorios, uno por fin, con cierta cautela, escribe. Y en algún momento uno tal vez descubre que está sumergido hasta los pelos, que todos  los problemas han desaparecido, y que no existe otra cosa que el deseo compulsivo de escribir.


2_La primera versión de un texto es sólo un mal necesario. Suele estar bien lejos de aquello completo e intenso que uno difusamente ha concebido. Corregir no es otra cosa que ir encontrando a Moisés dentro del bloque de mármol.


3_Ni la espontaneidad ni la velocidad son valores en literatura. Tantear, tachar, descubrir nuevas posibilidades, equivocarse tantas veces como haga falta, ir acercándose paso a paso al texto buscado: ese es el verdadero acto creador. Lo otro es como estornudar.


4_No hay que empezar un cuento si no se sabe cómo va a terminar. Se corre el riesgo de ir de acá para allá, sin ton ni son, esperando que el final caiga del cielo. Los buenos finales no suelen tener origen celestial: aunque no se lo note, vienenmandados desde la primera frase.


5_La inspiración no existe; en eso se parece a las brujas. Entonces, cuando las palabras parecen cantarle a uno  en la oreja, y siente que todo lo que está escribiendo tiene la música justa, el ritmo exacto, la tensión precisa que debe tener, uno puede llamar a ese estado de privilegio como más le guste, pero lo mejor es que suelte el freno y deje rodar la locura. Es hermoso, solo que no hay que creer que es el único estado en que se hace literatura. Porque se corre el riesgo de no escribir más que una página en toda la vida.


6_Hay que nutrirse de los credos y hay que aprender a dudar de ellos. No existen reglas universales para el oficio de escribir. Es uno mismo que a la larga, con verdades y mentiras propias y ajenas,  va estableciendo sus propios ritos, va permitiéndose sus propias manías, va construyendo su propio credo.

Artículo entero: Los diez mandamientos de la escritura

martes

consejos cita sobre escritura

Escribe para complacer a una sola persona. Si abres una ventana y pretendes hacer el amor con todo el mundo, por decirlo de alguna forma, tu historia pillará una pulmonía.
Kurt Vonnegut.

En la rapidez está la verdad. Cuanto más deprisa escriba, más sincero será.
Bradbury.


Escribe una palabra tras otra. Luego busca la palabra perfecta y escríbela debajo.
Neil Gaiman.


Nunca uses una palabra larga donde puedas usar una corta.
Orwell.





Source: http://yorokobu.es/escribir-mejor/

domingo

When you can’t create you can work.




Henry Miller (1891-1980). American writer.


In 1932-1933, while working on what would become his first published novel, Tropic of Cancer, Miller devised and adhered to a stringent daily routine to propel his writing. Among it was this list of eleven commandments, found in Henry Miller on Writing — a fine addition to these 9 essential books on reading and writing, part of this year’s resolution to read more and write better.




COMMANDMENTS


Work on one thing at a time until finished.
Start no more new books, add no more new material to ‘Black Spring.’
Don’t be nervous. Work calmly, joyously, recklessly on whatever is in hand.
Work according to Program and not according to mood. Stop at the appointed time!
When you can’t create you can work.
Cement a little every day, rather than add new fertilizers.
Keep human! See people, go places, drink if you feel like it.
Don’t be a draught-horse! Work with pleasure only.
Discard the Program when you feel like it—but go back to it next day. Concentrate. Narrow down. Exclude.
Forget the books you want to write. Think only of the book you are writing.
Write first and always. Painting, music, friends, cinema, all these come afterwards.





Under a part titled Daily Program, his routine also featured the following wonderful blueprint for productivity, inspiration, and mental health:
If groggy, type notes and allocate, as stimulus.






DAILY PROGRAM


MORNINGS:

If in fine fettle, write.


AFTERNOONS:

Work of section in hand, following plan of section scrupulously. No intrusions, no diversions. Write to finish one section at a time, for good and all.


EVENINGS:

See friends. Read in cafés.

Explore unfamiliar sections — on foot if wet, on bicycle if dry.

Write, if in mood, but only on Minor program.

Paint if empty or tired.

Make Notes. Make Charts, Plans. Make corrections of MS.

Note: Allow sufficient time during daylight to make an occasional visit to museums or an occasional sketch or an occasional bike ride. Sketch in cafés and trains and streets. Cut the movies! Library for references once a week.





lunes

Decálogo del escritor

Primero.
Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.


Segundo.
No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.

Tercero.
En ninguna circunstancia olvides el célebre díctum: "En literatura no hay nada escrito".

Cuarto.
Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.

Quinto.
Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.

Sexto.
Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.

Séptimo.
No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

Octavo.
Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.

Noveno.
Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.

Décimo.
Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.

Undécimo.
No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

Duodécimo.
Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.


El autor da la opción al escritor de descartar dos de estos enunciados, y quedarse con los restantes diez.

 
Augusto Monterroso